sábado, marzo 21, 2009

CRÍTICAS "EL BRAU BLAU" 3

En 6TOROS6.

LA GRAN PELÍCULA DE TOROS

Los aficionados, al cine y a los toros, llevábamos años esperándola y ya está aquí. Sólo la mexicana “Torero” dirigida por Carlos Velo consiguió, en el momento en el que diestro azteca Luis Procura mira a través de la ventana las ramas alborotadas de los árboles, anunciadoras de miedos inciertos, acercarse a la magnitud de este transgresor, ya desde el título, ejercicio cinematográfico que es El brau blau (El toro azul).

Estrenada de tapadillo -como no- la ópera prima del guionista, crítico y profesor de cine Daniel Villamediana, en poco más de una hora sumerge al espectador (dos exactamente estábamos en la sala) en muchos de los misterios de la tauromaquia a través del proceso interno y exteriorizado de un joven que vive en la soledad del campo.

En ese retiro, mientras lee a los maestros, de la vida y el toreo, construye, piedra a piedra, su mundo y su sueño. Un sueño que empieza cuando, renqueante, acude a nuestra Monumental la fecha del histórico regreso a los ruedos de José Tomás en junio de 2007. En ese arranque, la cámara al hombro le acompaña entre la muchedumbre, hasta que ya sentado en su localidad, con el inmenso ruedo vacío, la tarde empezó a llenarse de clamores.

Seguramente conmocionado por lo visto, en su ensimismado retiro, va construyendo su mundo interior, hecho de piedras hasta formar el círculo mágico del ruedo; el capote y la muleta, cuyo manejo viene precedido del toreo con las palmas de la mano y los lances al viento. Y los cuernos artesanales, que hunde en sus femorales y vientre para sentir imaginarias cogidas. La espada, clavada una y otra vez en el pilón de paja.

El héroe se sabe preparado. Camina por la carretera y se siente torero cuando da un trincherazo con su muleta al coche que le pasa rozando. Se despoja del vendaje que atenaza la rodilla hasta dejar ver una enorme cicatriz, pero con la movilidad recuperada. Se afeita la barba pues sería herejía un torero con ella. Y sólo, en ese redondel de hierbas y pedruscos, llama al toro imaginario, je! je!, torea de capote y muleta, verónicas cargando la suerte, remates pintureros, doblones con mando, naturales lentos, largos y de frente, trincherillas y trincherazos que crujen. Y la hora final del espadazo.

Una película de toros y no hay toros, paradoja. En efecto, el toro no se ve pero está ahí, lo siente el protagonista y lo ver sin verlo el espectador, preso del mágico magma en el que se ha sumergido.

Quizás en la búsqueda de una realidad primaria, el enfrentarse a un toro para provocar entre ambos una realidad estética, esté uno de los secretos. No es por casualidad que José Tomás planea sobre la película. Sus silencios son gritos de verdad que sólo los sordos del corazón no quieren oír.

Un último detalle, no el menor: está rodada en el Ampurdán. Las palabras, pocas, lo son en catalán (subtitulado en español). Y la música, junto a la callada del toreo, “la oculta filosofía” de Bach. Lo dicho, una transgresión ejemplar.

FRANCISCO MARCH (crítico taurino de La Vanguardia)

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Extensa entrevista de ALEJANDRO DÍAZ al director de El brau blau en miradas.net aquí

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